Cid

Hace unos días tuve la oportunidad de tener una amena charla con un joven talentoso acayuqueño, egresado del ITSA , que culminó un doctorado en Inglaterra y que hoy realiza estudios sobre el suero de la leche para convertirlo en proteínas. Cid Ramón González. La plática se prolongó y llegamos hasta el tema de las plantas y árboles de la región que ya no se les ve y que las nuevas generaciones no saben de su existencia. De mutuo interés soñamos con implementar un vivero donde se reproduzcan las especies siguientes: cacao, caimito, guanábana, pomarosa, zapote domingo, garañón, jobo, entre otros. Intentamos hacer cuentas de cuántos árboles de cacao hay en Acayucan a la vista y sólo dimos con dos, uno en la casa del profesor Fernando Rosas y otro con Juan Nicerato Espronceda. De ahí hay un poco más en Soconusco y Sayula de Alemán.

Cacao.

El árbol de cacao es una planta tropical que crece en climas cálidos y húmedos, por lo general es un árbol pequeño, entre 4 y 8 metros de alto, aunque si recibe sombra de árboles grandes, puede alcanzar hasta los 10 metros de alto. La madera es de color claro, casi blanco, y la corteza es delgada, de color café. Se conocen 18 especies distintas, que se distinguen por el mayor o menor crecimiento de la planta, la forma de sus hojas, el volumen y coloración del fruto. Las semillas también varían en forma, tamaño y cualidades nutritivas. Las flores del cacao son pequeñas y abundantes, de color amarillo que al marchitarse dejan un embrión con el fruto que luego crece, y se convierte en una especie de baya carnosa en todo su espesor. Esas semillas, al lavarse y secarse, son empleadas primero para extraer su pulpa denominada cacao y con esa pulpa se prepara la bebida llamada “Chocolate”.

Theobroma cacao es el nombre que se le dio al árbol del cacao o cacaotero. Se trata de una planta originaria de la cuenca del Amazonas, la cual llegó hasta México por las rutas comerciales que mantenían las diferentes civilizaciones originarias. Se conoce que existía un mutuo gracias al hallazgo de restos de figuras o vasijas que las culturas originarias comerciaban en una ruta que iba desde Mesoamérica hasta la Amazonía. Es muy lógico que este intercambio incluyera también semillas de plantas que fueron trasladadas a otros lugares. Así llegó a México. Se dice que el emperador Moctezuma recibía parte de sus tributos en almendras de cacao, porque estimaba mucho sus bayas como monedas. El cacao fue utilizado en México prehispánico como moneda de cambio, en los intercambios comerciales entre los pobladores originarios.

Los nobles mexicanos hacían cocer el cacao con agua y para endulzarlo, le agregaban miel silvestre o jugo dulce de arce, aromatizándolo con un poco de vainilla. La gente sencilla le agregaba atole de maíz para hacerlo nutritivo. Para conseguir esta preciada bebida se tostaba el fruto y se molía. A la masa pastosa se le añadía agua, se calentaba la mezcla y se retiraba la manteca de cacao, que posteriormente se batía y se mezclaba con harina de maíz para espesarla.

Durante los años de conquista la bebida del “Xocoatl Azteca” era apreciada no solo por su sabor, sino por su valor estimulante. En una de sus cartas, Hernán Cortés se la describió a Carlos V asegurando que bastaba con una taza de esa bebida indígena para sostener las fuerzas de un soldado durante todo un día de marcha. Como era costumbre, los conquistadores debían enviar a la corona española muestra de las riquezas encontradas en el Nuevo Mundo. Se enviaron esclavos indígenas, plumas, oro y por supuesto, la semilla del cacao. Cuando llegó a Europa, se convirtió en un manjar en las cortes, además porque era escaso al principio.

La palabra náhuatl “cacahuatl” pasó al español como cacao y casi sin modificaciones del español a los demás idiomas del mundo, siendo igual en portugués, francés, italiano y holandés. Los alemanes, polacos y húngaros cambian sólo su ortografía, escribiendo “cocoa”. En cuanto al término español “chocolate”, se deriva del azteca “xocoatl” que significa “aguada de de cacao”. La palabra chocolate penetró también casi igual en todos los idiomas modernos. Los españoles y portugueses dicen “chocolate”; los catalanes “xocolata”, los franceses “chocolat” y “chocolate” los ingleses.

En México, el cultivo del cacao está esparcido en toda la zona templada y caliente del país. Se cultiva por alrededor de 37,000 productores. Desde la provincia de Tabasco, Chiapas, Guerrero, Oaxaca. En esta lista es Tabasco quien lleva la delantera, siendo Chiapas, Oaxaca y Guerrero sus seguidores en ese orden.

Entre los beneficios Socio-Económicos de cultivar cacao encontramos: permite mejorar la calidad del suelo, prevenir la incidencia de plagas y enfermedades y conservar el agua; incrementando con el tiempo la productividad. A la vez, se reducen costos de: riego, fertilización e insumos de fumigación. La diversificación favorece al finquero con la obtención de varios productos para el autoconsumo y la venta, disminuyendo así sus gastos e incrementando los ingresos cuando termina la cosecha de cacao. Adicionalmente, la siembra de especies maderables permite al productor tener una inversión a largo plazo que haría las veces de un fondo de ahorro familiar. El manejo de la finca con prácticas amigables con la biodiversidad, puede generar otras actividades económicas para las comunidades como son: viveros asociativos, venta de semillas y agroturismo.

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